Conocido como el inicio de un período oscuro y antidemocrático en la Historia de Chile, donde ocurrieron múltiples atropellos a los Derechos Humanos que fueron develados solo quince años después. Existen opiniones disímiles frente a este hecho de acuerdo a la experiencia particular de cada individuo.
Por Lucía Díaz G
Últimos minutos de Allende
El cielo aún se encontraba en penumbras cuando tanques y aviones comenzaron su actividad. Hombres uniformados se paseaban con una caminata incesante por el puerto de Valparaíso. Las tropas de la Armada Chilena iban al mando de un capitán que les designaba sus cargos. La presencia de maquinaria de guerra y el apoyo logístico que les brindada Estados Unidos contribuía al ambiente estratégico. A eso de las seis de la mañana la fuerza opositora del Gobierno se dirigió a Santiago.
Una hora más tarde Salvador Allende junto al GAP arribaron hasta el Palacio de La Moneda. El dispositivo de seguridad estaba compuesto por quince hombres que iban escoltando al Presidente. El auto se desplazaba de una manera fuera de lo común, el chofer, Julio Hernán Soto, aceleraba y esquivaba los obstáculos por orden del mandatario. La información que tenía Allende era que las Fuerzas Navales se dirigían a la Capital. El ambiente en el vehículo era tenso, los colaboradores del presidente no se atrevían a emitir juicio alguno, solo se sentía la necesidad de llegar rápido a la casa de Gobierno. A las 8:15 de la mañana Allende a través de la radio se dirige al pueblo. Les comenta el panorama del país y su intención de luchar hasta el final. Las calles se encontraban vacías, los perros se transformaron en los protagonistas de la acera y la calzada. La congestión vehicular y contaminación acústica propia de la ciudad parecían dar un respiro. Media hora después, La Moneda estaba rodeada de tanques que se preparaban para actuar. Militares y periodistas nacionales e internacionales cubrían el frente de la casa de gobierno. Sin embargo, existían los curiosos que se refugiaban en un auto o en alguna cimentación para observar.
Historias disímiles
Al igual que todos los días, Ernestina Honores llegó esa mañana a clases. Estaba cursando primer año de ingeniera en la Universidad Técnica del Estado sede La Serena. Con su habitual café cargado y con dos cucharadas de azúcar, se sentó junto a su mejor amigo, Marcelo Díaz. Las clases de cálculo ya estaban próximas a empezar y su café aún no bajaba a la mitad. El reloj marcaba las 8:20 y el profesor no aparecía. Ella se dispuso a ir a buscar al docente y en ese mismo instante él entra a la sala. Les informa lo que se estaba desarrollando a lo largo de todo el territorio nacional.
“La mayoría de los estudiantes de la UTE apoyábamos fielmente al gobierno de Allende, democráticamente elegido. Por lo que de inmediato al ser informados, nos reunimos en asamblea y se decidió marchar a la Plaza para defender a nuestro gobierno (que ilusos), ya estando en el centro de la ciudad nos dimos cuenta de la magnitud de lo que estaba ocurriendo en el país y del peligro que corría cada uno de nosotros”, señala Ernestina.
Las calles de La Serena se hallaban plagadas de soldados armados, dispuestos a matar a cualquier ciudadano que estuviera perjudicando las intenciones del conglomerado militar. Los estudiantes revolucionarios corrían en busca de un lugar seguro para esperar que se restableciera el orden. Las mentes de aquellos jóvenes estaban marcadas por la inseguridad y la impotencia. Cuando Allende se dirigió al país, Ernestina y sus amigos entendieron la gravedad del asunto y pudieron comprender la manera en que sus ideales estaban siendo corrompidos.
“Se detuvo a todo partidario del depuesto gobierno, enseguida se continúo con la más cruel represión. Acontecimientos que jamás olvidare. Muchos de mis amigos fueron detenidos y algunos ejecutados”, señala Ernestina.
A 200 kilómetros al norte de La Serena un niño de nueve años vivía de una manera diferente la situación. Orlando Díaz hace un tiempo venia escuchando a sus padres quejarse por la situación previa al golpe. Asistía al liceo A7 en Vallenar y en varias oportunidades cuando su madre lo iba a dejar se encontraba con un liceo tomado por estudiantes descontentos gracias al panorama del país. Recuerda que existían desabastecimientos, desordenes en las calles, inseguridad y violencia callejera.
Aquel día Orlando se encontraba con gripe y se quedo haciendo reposo en la casa. Cerca de la una de la tarde se despierta al escuchar a sus padres llegar. Olga, su madre, ingresó a la cocina y un poco tensa encendió un cigarrillo. Al mismo tiempo Orlando, su padre, enciende la radio y con atención ambos escucharon la emisión. El rostro de sus progenitores dejaba en evidencia tranquilidad y de a poco iban esbozando una sonrisa.
El ocaso presidencial
Augusto Pinochet Ugarte, quien había sido nombrado Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, a las 9:50 de la mañana ordenó disparar contra el Palacio de La Moneda. Fuerzas blindadas aparecen frente al edificio, presentándose con una actitud amenazante. En ese momento, Allende se dio cuenta que se encontraba solo y por medio de radio Magallanes pronuncio su último discurso. Con voz temblorosa se dirigió al pueblo, especialmente a los trabajadores de su patria. Sus palabras dejaron en claro que ni las armas ni la fuerza pueden dejar al hombre privado de su libertad. Plantó la esperanza que tarde o temprano la justicia se impondría. Sentado en un sofá rojo llevo sus manos a la sien. Por unos minutos se encontró es un estado de meditación. A pesar de la compleja situación que se vivía, el presidente socialista parecía tranquilo. A su alrededor se encontraba la familia y los últimos funcionarios que aún permanecían en la casa presidencial. Mantuvieron una breve conversación dentro de esas cuatro paredes y finalmente el mandatario ordenó la salida de las mujeres.
Los aviones se impusieron en el cielo, en distintas direcciones. De a poco, empezó el bombardeo y se escucho la primera explosión. Los ideales del presidente socialista se iban derrumbando junto con los cimientos de La Moneda. Treinta minutos más tarde la resistencia había terminado y Salvador Allende después de despedirse de sus colaboradores se encerró en el despacho presidencial. Un fuerte disparo retumbó junto a las bombas militares. Un oficial militar ingresa al edificio y encuentra al presidente derrocado muerto, se había suicidado con el arma que le había regalado Fidel Castro.
A las 2:50 de la tarde la Dictadura da a conocer su comunicado oficial y su instalación en el poder. El Once de Septiembre de 1973, es conocido como el inicio de un período oscuro y antidemocrático en la historia de Chile. Donde ocurrieron múltiples atropellos a los Derechos Humanos que fueron develados solo quince años después. Sin embargo, existen algunos que creen que los atropellos y violencia comenzaron mucho antes de la instalación de un dictador en el poder.
“Los grandes responsables fueron primero la clase política y luego las Fuerzas Armadas, no es correcto al análisis cuando se plantea el problema solo desde la perspectiva de las delitos cometidos por alguna persona de las Fuerzas Armadas, la historia de violencia había ya comenzado hacía varios años”, señala Orlando Díaz.